Estos últimos días, Francia está viviendo un momento de gracia inolvidable con la visita del Papa a París, Lourdes y Metz. Junto con la Comunidad de Chemin Neuf, hemos tenido la alegría de vivir intensamente cada etapa de esta visita apostólica, que ha venido a fortalecer nuestra fe y a renovar nuestro impulso misionero.
De los creadores de la web a Notre-Dame de París
Este momento de gracia empezó ya el jueves por la noche, durante la vigilia de creadores de contenido e influencers cristianos en la iglesia de Saint-Sulpice. ¡Qué emoción volver a ver allí a Thibault Pfeffer y Benoît Gélébart (el canal Dos discípulos), ¡que se cruzaron con la Comunidad, por ejemplo, en las JMJ de Portugal o incluso en la Maison Neuf Media de Villeneuve d’Ascq! Fue una alegría ver también a un buen número de jóvenes cercanos a la Comunidad al servicio de la música y la alabanza. Las intervenciones de diversas figuras —como el hermano Paul Adrien o la hermana Albertine, que nos animó a la santidad— pusieron de manifiesto una bonita diversidad y una forma de «ecumenismo interno» en la Iglesia católica: todos reunidos en la misma alabanza y la misma adoración.
El viernes, momento para el recogimiento y la oración durante las Vísperas solemnes en Notre-Dame de París, rodeados de religiosos, religiosas y personas consagradas de toda Francia. Muchos de nuestros hermanos y hermanas estaban presentes en la catedral para celebrar este momento de ánimo tan valioso para nuestras vocaciones.





Una juventud radiante y el soplo del Espíritu
El viernes por la noche, el Stade de France se convirtió en un inmenso santuario al aire libre para la gran vigilia de los jóvenes. En un ambiente marcado por los cánticos, la oración y los fuegos artificiales, decenas de miles de jóvenes dieron testimonio de la vitalidad de la Iglesia. Entre ellos, algunos comparten el día a día de la comunidad en residencias de estudiantes y nos han contado lo felices que están con este encuentro.
El sábado fue el punto álgido de esta peregrinación parisina: una misa solemne y grandiosa celebrada entre la plaza de la Concordia y la avenida de los Campos Elíseos. Las pantallas gigantes mostraban el rostro de esa multitud ferviente y alegre. Para nuestra comunidad, reunida allí, fue como una confirmación de esa ola de retorno a la fe tan palpable en las parroquias que se nos han confiado, y que se hizo muy tangible y real ante nuestros ojos con esas 800 000 personas reunidas.
Fue como un guiño de la Providencia cuando el cielo nublado se despejó justo en el momento en que el Santo Padre empezó la misa. Nos recordó, sobre todo, esa gran responsabilidad que tenemos ante los muchísimos jóvenes adultos que cada año piden los sacramentos de la iniciación cristiana. Estos nuevos creyentes dan un nuevo impulso a nuestras comunidades con su sincero deseo de seguir a Cristo.
Un impulso para la misión
Tanto en los medios como en el corazón de nuestras fraternidades, las imágenes de esta Iglesia viva, joven y unida han calado hondo. El mensaje de esperanza, fraternidad y unidad que nos transmite el Papa nos reconforta a todos: no estamos solos, y la gracia sigue brotando.
Este viaje apostólico no es un fin en sí mismo, sino un magnífico punto de partida para consolidar nuestra fe y seguir juntos con la misión.
Continuará…