Experiencia de San Ignacio de Loyola

Ignacio nace en 1491 en el seno de una familia de la nobleza vasca española. Educado en la corte para ser escudero, se consagra poco a poco al oficio de las armas. Dirá él mismo que su vida estaba consagrada “a las vanidades” del mundo. Tras una batalla en Pamplona (Navarra), una bala le hiere en la pierna. Estuvo inmobilizado durante varios meses, durante su larga convalescencia se dedicó a la lectura. Ignacio alterna lecturas piadosas con sueños de caballería. Se abandona y siente durante la lectura de la vida de Cristo y de una colección de vida de santos, un fuerte deseo de imitarlos para gloria de Dios. Sin embargo, sus pensamientos más mundanos están también presentes en él. Se da cuenta entonces, que la lectura de hazañas mundanas le proporcionan una alegría efímera, le dejan seco y descontento después, mientras que los pensamientos de poder imitar a Cristo le proporcionan una consolación duradera, profunda y alegre. Descubre entonces lo que más tarde llamará las mociones o movimientos interiores del alma, y cómo el Buen Espíritu o el mal espíritu nos conducen. Es así como nace la experiencia espiritual de San Ignacio de Loyola.

Tan pronto como su salud se reestableció, huyó del castillo familiar para buscar a Dios de una manera más profunda en soledad. En la gruta de Manresa, donde vive algunos meses como ermitaño, tuvo lugar su experiencia espiritual más fuerte. Ignacio anota todas sus experiencias en un cuaderno donde relee cómo Dios va conduciéndole.

Desde aquel momento Ignacio no dejará de afinar el discernimiento de los espíritus, su manera de orar y meditar, de releer su historia, para poder ajustar su vida a Cristo. De su experiencia nacerán los EJERCICIOS ESPIRITUALES.

EL fin de Ignacio en los ejercicios es ayudar a los ejercitantes a profundizar en su relación con Cristo “para amarle y seguirle mejor” (EE, n°104), y progresar en el camino de la libertad interior.

Por este nombre de ejercicios espirituales se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mentalmente y de otras actividades espirituales según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, de la misma manera todo modo de preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y después de quitadas buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma, se llaman ejercicios espirituales.

Ejercicios espirituales 1